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04/06/2026

Shadow AI: el riesgo invisible que ya está dentro de las organizaciones

Mientras muchas empresas todavía están valorando la adopción de la inteligencia artificial para su operativa diaria, muchos de sus empleados ya la están usando y ese es, precisamente, el problema.

El término Shadow AI —o IA en la sombra— se utiliza para describir el uso de herramientas de inteligencia artificial por parte de los empleados sin autorización o conocimiento por parte de la organización.

Hoy en día, ya nadie duda de que la IA es una gran aliada para los trabajadores en términos de eficiencia y productividad. Ahora bien, cuando la IA se utiliza sin directrices claras, sin supervisión o al margen de los controles internos, se convierte en una fuente de riesgo real para las organizaciones.

Estos riesgos son de muy diversa índole. Entre ellos, la fuga de información (datos financieros, información comercial, secretos empresariales, datos personales, etc.), la pérdida de control sobre el destino de los datos introducidos en estas herramientas y la posible vulneración de la obligación de confidencialidad.

También son frecuentes los riesgos asociados a la propiedad intelectual, ya que la generación de textos, imágenes u otros contenidos mediante herramientas de IA puede dar lugar a la infracción de derechos de terceros, especialmente cuando los resultados se inspiran en obras protegidas.

Además, el uso no supervisado de IA puede comprometer la veracidad y la calidad de los resultados, ya que muchas de las herramientas utilizadas actualmente en el ámbito laboral (como ChatGPT, Claude, Gemini u otras soluciones de IA generativa) presentan el riesgo de generar respuestas aparentemente convincentes, pero incorrectas o directamente inventadas, lo que comúnmente se conoce como alucinaciones.

Por eso, cuando esos resultados se utilizan sin revisión humana, pueden incorporarse errores a todo tipo de informes, comunicaciones internas y externas, análisis jurídicos, documentación técnica o procesos internos, generando riesgos operativos, reputacionales e incluso de cumplimiento normativo.

En resumen, el riesgo no está solo en la herramienta, sino en el uso que cada empleado le da. La solución no es prohibirla, sino gobernarla, estableciendo pautas o directrices claras acerca de las herramientas autorizadas, sus usos, sus riesgos y la necesidad de canales de reporte y/o escalado cuando exista alguna incidencia.

Fuente: LinkedIn

 


 
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