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28/07/2025

Integridad y Compliance desde el Directorio: Gobernar con Conciencia y Coherencia

La integridad no es un costo. Es la inversión que garantiza el legado

En el marco de la II Summit de Gobierno Corporativo organizada por la AEMD, tuve la oportunidad de compartir una reflexión que considero urgente: la integridad ya no puede seguir siendo un valor decorativo en las declaraciones institucionales. Debe asumirse como el núcleo estratégico de toda organización que aspire a ser sostenible, resiliente y confiable.

Durante mi intervención —Integridad y Compliance desde el Directorio— invité a los miembros de consejos de administración y órganos de gobierno a considerar un riesgo que pocas veces se audita, pero que es absolutamente existencial: la erosión de la confianza.

La confianza de los inversionistas, de los reguladores, de los colaboradores y de la sociedad en general es el activo intangible que sostiene todos los demás. Y su columna vertebral es la integridad organizacional.

Gobernar no es solo cumplir: es dirigir con propósito

Cumplir con la ley no es suficiente. El cumplimiento es el suelo; la ética es el compás. El directorio no está solo para vigilar que no se infrinjan normas; está para asegurar que cada decisión fortalezca la credibilidad y el propósito institucional.

Por eso afirmo con convicción que la integridad no es un ideal abstracto, sino la arquitectura concreta de una buena gobernanza. Es la coherencia entre lo que la organización declara, decide y hace.

Las trampas de la alta dirección

Desde mi experiencia como consultora en integridad y gobierno corporativo, he identificado tres riesgos frecuentes que debilitan a los órganos de gobierno:

Ceguera estratégica ante el “cómo”: Se celebra el resultado sin cuestionar los medios. ¿Qué tipo de cultura se está reforzando cuando priorizamos las cifras sin mirar la presión operativa que las produce?

Deferencia excesiva a la alta dirección: Respetar al CEO no debe significar abdicar del deber de cuestionar, de hacer las preguntas difíciles, de detener una decisión cuando se sospecha que puede comprometer principios.

Gobernanza de fachada: Tener políticas y comités sin contenido real es tan riesgoso como no tenerlos. Si el canal de denuncias no es independiente, o si el informe del oficial de cumplimiento es el último punto de la agenda y se despacha sin discusión, el mensaje es claro: la integridad es solo una formalidad.

La integridad es una inversión, no un costo

Gobernar con integridad no solo evita sanciones. Construye organizaciones más fuertes: con mejor talento, mayor agilidad ante el cambio, capacidad de detectar riesgos a tiempo y licencia social para operar. En un entorno donde el escrutinio público es permanente, la reputación ética es el activo más defendible.

Por eso insisto: la integridad no es un tema que debe estar en la agenda. Es la agenda. Es la base sobre la que se construyen todas las demás decisiones.

Cierro con una pregunta esencial

En cada sesión del directorio se construye —o se erosiona— el legado institucional. La integridad no se consolida con discursos, sino con decisiones valientes, consistentes y visibles.

¿Estamos listos, como órganos de gobierno, para asumir la responsabilidad de custodiar no solo la salud financiera de nuestras organizaciones… sino también su alma?

María del Carmen Constante

Directora Asociada de INTEDYA

CEO de KronosConsulting

Consultora internacional en ética, compliance y sostenibilidad organizacional

 


 
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